Un viaje inolvidable

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En cada verano mi familia y yo planificamos el próximo destino al que nos enfrentaremos. Me expreso así ya que nuestros viajes no suelen ser a lugares comunes, como playas o parques, sino al contrario, mi familia es aventurera. De hecho, agradezco que seamos así, ya que, en los últimos años, he aprendido mucho acerca de lugares exóticos y deportes extremos. En esta ocasión mis padres tenían dudas sobre cuál sería nuestro lugar para vacacionar, así que dejaron que sus hijos tomáramos la decisión.

Debo confesar que desde muy pequeña le tengo temor al agua, por algún extraño motivo me aterra insertarme en un río o lago y, más allá, visitar cascadas o saltos. Sin embargo, creía que ya era hora de atreverme a cambiar y afrontar mi miedo, considero que al ser joven aún podría hacerlo, así que conversé con mis hermanos al respecto.

“¿Estás segura?”, “¡te estás volviendo loca!”, respondieron ellos al comentarles que deseaba con todas mis ansias visitar las famosas cascadas de mi país. Les comenté que para poder superar mis miedos tenía que enfrentarlos y, por fortuna, entendieron completamente a lo que me refería.

Cuando la fecha del viaje llegó nos preparamos y salimos de casa directamente hacia el aeropuerto. Mientras me encontraba en el avión no dejaba de pensar en la cantidad de agua que vería y si me atrevería a practicar los deportes extremos que realizaban en aquel lugar.

Un viaje inolvidable

El avión aterrizó y mis hermanos me despertaron, de tanto pensar durante el viaje había logrado quedarme dormida. Nos dirigimos hacia la zona de la cascada y preparamos todo nuestro equipaje. ¡Ah! Olvidaba mencionarles que en estos viajes los hoteles o las posadas no existían, mi familia era tan aventurera que nuestras habitaciones eran las carpas que llevábamos en nuestras mochilas.

Una vez que terminamos de preparar todos nuestros objetos y alimentos llegó la hora de la verdad. Mis padres organizaron sus mochilas, mis hermanos también y únicamente faltaba yo, quien estaba dentro de la carpa pensando en qué tipo de locura estaba próxima a hacer. Salimos preparados y mis hermanos, que eran los más arriesgados, fueron los primeros en llegar a la cascada. Poco a poco mis padres y yo fuimos llegando hasta que, por fin, ahí estaba. No podía creer que me encontraba frente a uno de mis mayores miedos: el agua. Sin embargo, esa cantidad de agua era superior a cualquiera y su fuerza era incomparable.

Mis hermanos conversaron con los organizadores del lanzamiento desde la parte superior de la cascada y, sin informarme, me apartaron un cupo. Aunque al comienzo me molesté con ellos, finalmente acepté hacerlo por la misma razón por la que decidí venir al viaje: enfrentar mis miedos.

Un viaje inolvidable

Los expertos me prepararon, me explicaron cómo debía posicionarme y me lancé. ¡Aún sigo sin creerlo! Definitivamente fue una experiencia maravillosa y, sin dudarlo, la repetiría las veces que fueran necesarias. Esta experiencia se convirtió en un viaje inolvidable. Gracias a ese lanzamiento logré superar el miedo que tenía desde muy pequeña.

Vivir con miedo no es sano. El temor a algo nos cohíbe de disfrutar de cosas maravillosas. Y como ya les dije, lo mejor para superar los miedos es enfrentarlos, te sentirás más libre y ligero.

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