Había una vez un popular pastor llamado Isidro que tenía 210 ovejas en su rebaño, y aunque era una persona ciertamente agradable contaba con un defecto muy grande, le encantaba mentir cada cierto tiempo.

Isidro-el-mentiroso

Una tarde de viernes, agarró su teléfono móvil para llamar a emergencias acerca de un robo que sufrió en sus ovejas. De hecho, Isidro afirmó que alguien entró en su cortijo para robarle, al menos, la mitad de ellas.

Cuando varias parejas de policías acudieron al lugar, se dieron cuenta que solamente se trataba de una broma y en realidad, no había entrado nadie para sustraerle las ovejas de su propiedad.

Durante un tiempo, consiguió captar el interés de infinidad de vecinos del pueblo que pensaban que le sucedían desgracias. Sin embargo, poco a poco fue ganándose el apodo del mentiroso y ya nunca más le creyeron.

Un año más tarde, perdió las llaves de su cortijo y no podía entrar en él, por lo que llamó a un cerrajero pero cuando dijo quién era y su dirección, entendió que, como se trataba de una mentira, no debía acudir. Aquella noche, Isidro la tuvo que pasar al raso del tiempo y sufrir sus inclemencias con lo que aprendió una lección que no olvidaría.

Moraleja

No engañes o correrás el riesgo que te suceda como a Isidro y cuando digas la verdad, nadie te crea.