Había una vez, en una noche muy oscura, un estudiante que tenía muchos trabajos que hacer y pensaba que no le daría tiempo a terminarlos. En cambio, el estudiante que tenía mucha voluntad para todas las cosas, se esmeró mucho e intentó por todos los medios que en esa fría noche tuviera la oportunidad de terminar con todo lo que en la escuela le habían enviado.

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Para ello el estudiante contaba con una lámpara muy fuerte y hermosa que le alumbrara de cerca y él poder así, terminar sus trabajos con rapidez. Cuando el estudiante cogió la mecha para encender la lámpara ésta le dijo: “¿Has visto que hermosa luz trasmito y que luminosa?”

La lámpara no paraba de alardear de sus ventajas y distraía al estudiante cada vez más por lo que éste la apagó de un solo soplo y le dijo: “No eres nada, mira las estrellas, ellas siempre alumbran en la inmensidad”

Y cuando el estudiante volvió a encender la lámpara ésta, se limitó únicamente a dar luz como ya lo había hecho en los años atrás con este chico.