Iba un día un viejo por la montaña cargado con leña hasta los topes. No tenía dinero para un animal de carga ni nadie que pudiera ayudarle en su faena, pues apenas ganaba para comer él sólo.

La leña pesaba tanto que a menudo se le caía, por lo que el viejo no paraba de quejarse y maldecir entre dientes.

Hasta que, tras tropezar con una piedra y caer al suelo, maldijo su destino, maldijo su vida y llamó a la muerte a que se lo llevara de una vez.

Sorprendentemente, la muerte, apareció ante él, guadaña en mano y le preguntó por qué le había llamado. El viejo, temeroso de que le llevara con él, balbuceó:

– Yo…, que…, pues… ¡que si podías ayudarme a cargar con la leña!

Moraleja: Ante las adversidades la paciencia es más útil que quejarse, pues esto sólo puede servir para empeorar las cosas.

Además, la vida siempre se debe estimar por encima de pequeños obstáculos que la hagan más complicada.