Hubo un día en el cual un precioso ruiseñor cantaba sus alegres melodías subido a la rama de un árbol, cuando de pronto, lo vio un hambriento gavilán, el cuál rápidamente se abalanzó sobre él y lo atrapó entre sus afiladas garras.

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El ruiseñor, muy asustado intentó convencerlo de que no se lo comiera, pues si sólo se lo comía a él que era muy pequeñito y flaco no colmaría apenas su hambre, diciéndole que debería ir a por otros pájaros más grandes y olvidarse de él. Aunque el gavilán por un momento se pensó que hacer, era un pájaro viejo, hábil y muy listo, lo cual le sirvió para contestarle al ruiseñor:  “Nunca puedes dejar escapar la presa que tienes por la que ni siquiera has visto nunca”

Moraleja: Siempre hemos de preferir lo poco que tenemos a lo mucho que ni hemos divisado.