Érase una vez un reino gobernado por un Rey que, debido a sus decisiones, entró en conflicto con otro reino próximo terminando por iniciarse un conflicto que desembocaría en una guerra muy grande.

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Aquel Rey, no estaba específicamente atraído por la posibilidad de comenzar un conflicto de semejantes efectos, porque entre otras cosas, no tenía suficientes caballeros para defender su propia corte.

Unos días más tarde de ser declarada la guerra por parte de su reino contrario, emprendió un camino acompañado de algunos de sus caballeros para solicitar ayuda a una prima suya, también reina, pero de otro reino, y ambos comenzaron a caminar hacia el reino del primer Rey.

Cuando empezó el conflicto los alimentos comenzaron a escasear y pese a contar con mayor número de caballos que sus rivales, éstos no tenían la fuerza suficiente para atender las órdenes de sus caballeros por lo que perdieron la guerra.

Pese a que trataron de todo tipo de formas ayudar a los caballos e incluso guardaron alimentos para ellos, la escasez de comida ocasionó que la debilidad fuese extendiéndose también alrededor de los hombres y muchos abandonaron a su Rey.

Moraleja:

Aunque los buenos tiempos te acompañen ahora, intenta dentro de tus posibilidades guardar recursos para otros tiempos peores, porque no sabes cuando llegarán.