Hacia una vez se contaba una historia de la existencia de un internado que estaba dentro de un hospital, en ese hospital había un interno que tenía mucho mucho tiempo en él, ese interno estaba gravemente enfermo y se sentía cada día muy mal, no percibía la mejora sino que cada día empeoraba. El interno se llamaba dolores, y el llego a ese internado con la esperanza de que alguien le dijera que tenía y porque cada día empeoraba su condición.

Una tarde en el hospital todas las enfermeras comenzaron a sacar todas las visitas de los enfermeros ya que comenzaría la revista médica –y ningún familiar podía estar- al quedar la sala vacía solo con los pacientes, llego un médico llamado Remedio, él era un especialista de geriatría y medicina interna, así que el doctor comenzó con su exámenes de rutinas, hasta que llego a la cama de dolores, lo miro de arriba hacia abajo (dolores se quejaba sin parar) el doctor Remedios le pregunto qué porque se quejaba tanto y que sentía, dolores no respondía y solo seguía quejándose.

El doctor Remedios se acercó más y sin examinarlo ni tocarlo solo le dice: ¡Dolores que es lo que tienes!- explícame que síntomas tienes. El doctor no se enteró que Dolores no lo entendía porque nunca tuvo educación y nunca le explicaron que era unos síntomas. El doctor como no respondía se molestó y le grito: -Entonces dolores no piensas decirme-. Dolores en medio de la confusión y el malestar le dice: “doctor discúlpeme por no entenderlo, le puedo decir es que sudo mucho cada día, tanto así que lleno un frasco de vidrio, el doctor de manera déspota solo frunció el ceño y le dijo: ah, entonces está bien, “tranquilo estarás bien”.

Dolores le dice: -pero doctor no se detendrá a evaluarme- el doctor le responde: -no es necesario, hay otros peores-. En la noche después de la visita médica, dolores sudaba sin parar y se sentía muy débil hasta llega a sentirse moribundo. Al día siguiente en la mañana el doctor Remedios volvió a pasar la revista médica y volvió a ver a dolores con el mismo malestar pero esta vez se retorcía de un dolor incansable y con un aspecto moribundo, el doctor Remedios tampoco se detuvo a evaluarlo y solo le dijo: ¡Dolores que es lo que tienes!- explícame que síntomas tienes.

El doctor seguía ignorando que – Dolores no lo entendía porque nunca tuvo educación y nunca le explicaron que era unos síntomas- u nunca se enteraba porque nunca le hizo una entrevista médica. Dolores le volvió a responder: doctor discúlpeme por no entenderlo otra vez, le puedo decir es que he seguido sudando, tanto así que lleno dos frasco de vidrio y también siento que mi cuerpo tiembla de manera desenfrenada y siento escalofría profundo, nunca en mi vida lo había sentido así explicaba dolores,  el doctor esta vez solo le respondió: mmm, no pierdas esperanza que mejoraras, ya pasara.

Al día siguiente el enfermo se dirigió al doctor desesperado y le dijo: doctor me siento muy mal, me cuesta respirar, al parte de todo lo que tenía ayer ahora tengo diarrea. El doctor le quedo viendo y le dice: mmm, no pierdas esperanza que mejoraras, ya pasara eso es algo pasajero, hay otros peores que tú, además debo irme.

El enfermo angustiado le grito: “doctor si estoy tan bien como dice, porque siento que no puedo respirar y no mejoro. El doctor se avergonzó ya que otros médicos lo veían, y susurraban, al día siguiente dolores amaneció muerto, el medico al llegar y saber de ello quedo perplejo. En un momento de reflexión comprendió y recordó porque estudio esa carrera, se recordó que se debe ser responsable, constante y preocupado por cada paciente, que ningún caso es menos importante que otro.