Un joven ciervo vivía en paz en lo profundo del bosque, este al notar que hacía mucho calor ese día, comió los brotes de un arbusto y luego de eso fue a dar un paseo. El sol era implacable y le provoco una sed tremenda al joven ciervo. Sin embargo este pudo utilizar su olfato para encontrar un manantial que se encontraba a cierta distancia de ahí, este caminó muy lento hacia el para no cansarse más, una vez lo encontró, bebió grandes sorbos de agua.

El joven ciervo se sintió muy a gusto bebiendo la deliciosa agua fría del manantial, sin embargo en un momento pudo observar con claridad algo que le pareció muy extraño, su reflejo. Le pareció extraño porque siempre había bebido el agua de charcos sucios, por lo que nunca había podido verse bien en ellos.

Verse en el reflejo del agua le agradó muchísimo y probó viéndose desde cada ángulo posible. Este ciervo era un animal muy bello así como el resto de su especie, sin embargo, este en particular poseía unas cornamentas muy hermosas que eran la envidia de los demás ciervos. Sin embargo, este joven ciervo también poseía una actitud muy arrogante y presumida, por lo  que su actitud cambió de alegría a decepción en el momento que pudo observar sus patas.

Las patas de este ciervo eran muy delgadas y poco fuertes. Por lo que el ciervo se sintió bastante decepcionado de poseer una cornamenta tan impresionante y unas patas tan débiles, el joven ciervo hubiera dado lo que fuera para tener las poderosas patas que tiene un león. De tanto alagar y quejarse de su cuerpo, este no se dio cuenta de que un verdadero león se encontraba a su acecho.

Un gran estruendo pudo delatar al león que se encontraba en la maleza, esto le permitió al ciervo huir a toda velocidad. El ciervo era un experto corriendo en campos abiertos, esto se debe a lo largas que eran sus patas y a la agilidad que estas poseían, por lo que el león no era ninguna competencia para el ciervo. Una vez que se alejó lo suficiente del león, el ciervo no dudo en regresar a la seguridad del bosque.

Sin embargo, esta no resulto ser una zona tan segura como él creía, ya que su gran cornamenta se había quedado atascada entre un conjunto de ramas que se encontraban agrupadas. Todo había resultado en un terrible error por parte del ciervo, un error que resultó ser una trampa mortal. El joven ciervo intento zafarse como pudo del conjunto e ramas, se movía a todos lados estrepitosamente con tal de salir de ahí, pero nada parecía estar dando resultados.

El ciervo se encontraba muy asustado ya que el león se encontraba justo a su derecha, aproximándose a toda velocidad hacia él. Finalmente pudo concentrarse lo suficiente e hizo un movimiento muy fuerte de cabeza, el ciervo por fin se había liberado de estas ramas que lo apresaban. Rápidamente salió del bosque y se dirigió a las llanuras a toda velocidad. El león al no encontrar a su presa decidió regresar con su manada.

El ciervo se encontraba muy alegre por haberse salvado de ese gran peligro. Debido a su gran esfuerzo, este se encontraba muy cansado y también muy sediento, por lo que fue en busca de otro manantial para poder recuperar energías. Por suerte, pudo encontrar otro manantial y de él bebió sus frías aguas cristalinas. Pudo observar de nuevo su reflejo en el agua, pero esta vez pensó de manera distinta.

El ciervo se dio cuenta de lo equivocado que estaba, sus patas largas y delgadas fueron aquello que le permitió poder escapar a toda velocidad del león, mientras que su amada cornamenta fue lo que casi le lleva a ser atacado por el león. El ciervo aprendió que no hay que dejarse llevar por las apariencias que debía valorar cada parte de su cuerpo por igual.