Despertar en casa

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Miguel era un hombre que desde muy joven se había involucrado directamente en el bufete de abogados de su familia. El más famoso y reconocido en todo el país. El padre de Miguel le había inculcado grandes valores y, para el joven, su padre era prácticamente un ejemplo a seguir. Tanto así que Miguel decidió estudiar Derecho, tal como su padre, y asegurarse el éxito en el bufete más importante del país.

Este joven de buena familia empezó a trabajar de manera incansable mientras cursaba, al mismo tiempo, los últimos años de la carrera en la mejor universidad de la ciudad. Durante muchas noches no pudo dormir, ya que llegaba a casa directamente a estudiar y, al día siguiente, se dirigía a la universidad y al trabajo. En fin, Miguel era un joven que trabajaba fuertemente para mantenerse al nivel de su padre.

Cuando finalmente Miguel terminó la carrera de Derecho su padre se sintió sumamente orgulloso de él y abandonó su cargo actual para dejar el mejor bufete del país en manos de su hijo. El anciano ya no tenía demasiada energía y consideraba que el regalo de graduación más preciado sería el que acababa de hacer.

Despertar en casa

Para Miguel este regalo no fue solo una felicidad inmensa, sino también una gran responsabilidad. Él sabía perfectamente a lo que se enfrentaba y cómo tenía que administrar su tiempo. Los primeros meses fueron muy complicados para el joven recién graduado.

Tenía que viajar constantemente a conversar con clientes en otras ciudades y, en ocasiones, países diferentes al suyo. El nivel del bufete no podía disminuir, puesto que inmediatamente la culpa sería de Miguel, o al menos eso pensaba él.

El joven se sentía completamente angustiado y preocupado, las horas de sueño eran aún menores que cuando estaba estudiando y, pasado el tiempo, las angustias y los pendientes lo estaban consumiendo. Miguel no se daba cuenta del problema en el que estaba inmerso, sin embargo, su madre sí.

“Tienes que tomarte un respiro”, le recomendaba su mamá. Para él esas palabras sonaban como un sueño lejano. Sin embargo, empezó a hacerle caso a la mujer más importante de su vida y tuvo que delegar funciones y responsabilidades en el interior del bufete.

Miguel se sentía culpable por lo que estaba haciendo pero, finalmente, entendió que de no haber tomado esa decisión su cuerpo empezaría a sufrir las consecuencias. El joven se tomó algunos días de descanso. Tanto los viajes como las responsabilidades se adecuaron a un tiempo más flexible.

Despertar en casa

Finalmente el nuevo dueño del mejor bufete del país empezó a despertar en casa, descansado, libre de problemas en su mente y agradeciendo el poder hacerlo. El equipo que había dejado en la oficina estaba trabajando perfectamente y, de hecho, al dividirse el trabajo todo salía más rápido.

Miguel aprendió que hacerlo todo una sola persona no es señal de éxito, mucho menos de salud. Delegar funciones, generar un equipo eficiente y organizar el tiempo no solo le permitieron mayor eficiencia, sino también la garantía de una vida saludable. Su cuerpo agradeció la tranquilidad brindada.

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