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Todo puede cambiar

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Había un niño llamado Pepito, quien era un pequeño muy inteligente pero travieso por lo que no ponía atención en clases, le gustaba mucho molestar a los demás, especialmente, molestaba a los niños que no sabían hacer deporte, se burlaba de ellos, había un niño en particular llamado Marco, al que molestaba más que a nadie, Marco era un niño delgado, chaparrito, de lentes, muy bueno en la escuela, siempre sacaba excelentes calificaciones pero era muy malo en los deportes.

 

 

Un día al salir de la escuela, la mamá de pepito ya estaba esperándolo al otro lado de la calle, pero antes de que Pepito cruzara, vio a Marco y no pudo evitar burlarse de él, así que no se fijo al cruzar la calle y no vio a un carro que venía atravesando la calle, y lo atropelló. Todos corrieron al hospital, preocupados y sin saber qué sucedería, se quedaron a cuidar a Pepito, Marco era el más preocupaos de todos porque sabía cómo esto le afectaría a Pepito, sabía cómo era y a pesar de haber aguantado sus burlas, no le deseaba mal a nadie. Cuando Pepito despertó, y supo que Marco estaba ahí, se enojó, y al verlo le reclamó, pensaba que estaba ahí para burlarse de él, Marco le aclaró que se trataba de todo lo contrario, que él estaba ahí para apoyarlo, Pepito sorprendido, le pidió disculpas por haberse enojado, pero sobre todo, por cómo lo había insultado, le prometió no volverlo a hacer.

Al llegar a la escuela, después de afortunadamente salir sano del hospital, Pepito dio un cambio extraordinario, no solo fue amable con sus compañeros y le pidió disculpas a cada uno de ellos, sino que se hizo muy amigo de Marco, tanto que prometió ayudarle a practicar deportes.