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Mi nuevo hogar

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Hace muchos años había un niño llamado Alejandro que no tenía hogar, ni familia, ni nadie quien lo quisiera, o al menos eso pensaba él, vivía en la calle, pedía dinero para conseguir para comer. Un día una señora iba caminando por donde él estaba, ella trabajaba en un orfanatorio le dijo que le invitaría algo de comer sí el aceptaba hablar con ella, él accedió, comió por primera vez algo delicioso en una mesa, disfrutando cada bocado sin remordimiento ni prisas.

La señora habló con Alejandro, le explico los beneficios de vivir en una casa hogar, le contó que podía tener amigos, que podía estudiar, podría tener una buena comida diaria y que además con el paso del tiempo alguna amorosa familia podría adoptarlo, Alejandro no podía creer ni una sola palabra de lo que le decían, ¿comida diario sin pedir dinero? ¿Amigos? ¿Una familia? Todo esto era totalmente nuevo para él pero su desconfianza era algo normal, así que decidió volver a la calle, pasaron muchos días y la vida de Alejandro no cambió en nada, seguí durmiendo en las calles, pidiendo dinero para comer, a veces no comía, pasaba frío y se sentía completamente solo, recordó las palabras de aquella mujer y se dijo a sí mismo –¿Qué puede ser peor que esto?-. 

Alejandro decidió ir a buscar a la señora que le había ofrecido todo lo que él buscaba, aun con dudas pero lo hizo, su vida cambió totalmente, casi todo lo que le prometieron se cumplió, podía comer 3 veces al día buena comida y sin sufrir ni pidiendo dinero, estudiaba, tenía amigos, muy buenos amigos, lo único que le faltaba era una familia que lo quisiera, hasta que un día llegó, después de un tiempo una familia apareció, una familia para él, y al fin todo lo que él deseaba se le concedió, tenía los mejores amigos, los mejores recuerdos y sobretodo la mejor familia.