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Los zapatos rojos

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La mujer le regaló los zapatos y Carolina los estrenó el día en que enterraron a su madre.

Por el lugar pasó una mujer que al ver a la niña quiso cuidarla porque le daba pena. La pequeña pensó que la quería por sus zapatos, aunque la mujer los vio horribles y los mandó quemar para vestir bien a la pequeña.

Un día viajaba por la zona la reina con su hija y Carolina fue con otras personas a verlas, y cuando llegó vio a la renina con unos preciosos zapatos rojos.

Cuando se tuvo que confirmar, le hicieron unos nuevos zapatos rojos de charol sin que la anciana que la cuidaba supiera del color debido a que no veía bien. Eran unos zapatos que encantaban a la pequeña y eran el centro de atención para los asistentes. Ella no podía parar de pensar en sus nuevos zapatos rojos

Estaba la pequeña tan centrada en sus zapatos que incluso olvido el Padrenuestro. Al salir, la pequeña comenzó a bailar como llevada por sus zapatos, como si tuviesen algún poder. Incluso al entrar al coche seguía moviendo sus pies hasta que golpearon sin querer a la anciana.

Poco después la anciana enfermó y Carolina tenía que cuidarla, pero fue invitada a una fiesta y decidió acudir.

Una vez en la fiesta, los zapatos comenzaron de nuevo a bailar solos, sacándola del salón y llevándola al cementerio, donde encontró un ángel que le dijo que bailaría sin parar hasta la muerte.

Pidió piedad, pero aun así no podía dejar de bailar. En su viaje de días finalmente encontró a un verdugo y le pidió que le cortase los pies. Él lo hizo y los pies siguieron bailando por su cuenta junto a los zapatos.

Por mucho que intentaba escapar los pies y los zapatos siempre le seguían. El tiempo pasó y el dolor acrecentaba, hasta que volvió a encontrar al ángel, el cual le dio fuerzas para volver de nuevo a la iglesia donde todos la recibieron con los brazos abiertos.

En ese instante el sol alumbró el asiento en el que se encontraba, y su alma se elevó al cielo.