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Los tres perezosos

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Había una vez tres hermanos que eran especialmente perezosos tanto, que todo en la vida les costaba mucho trabajo. Un buen día, su padre que estaba muy enfermo sabía que tenía que hacer testamento pues, la herencia quería dejarla a sus hijos para que ninguno de ellos pasara miserias.

Cuando el hombre sabía que ya iba a morirse llamó a un notario al que le dijo: “Me gustaría que mi burro, que es lo único que tengo, fuera para el más perezoso de mis hijos” El notario tomó nota de las últimas palabras del moribundo hombre y cuando supo de la herencia se fue a buscar a sus tres hijos.

El notario se reunió con sus hijos y les comentó que su padre le había dejado un burro de herencia al más perezoso de sus hijos y por eso tenía que dar pruebas de la pereza de cada uno para que así no pudiera confundirse cuando diera el burro a quien pertenecía en este caso.

El mayor de todos no quería contar nada pero después de que el notario le amenazara con llevarlo a la cárcel contó que a él una vez se le metió fuego en el zapato pero era tan perezoso que prefería estar quemándose antes de quitarse las llamas que salían. Sus amigos lograron salvarlo.

El mediano dijo que una vez se fue a nadar al mar pero le entró mucha pereza y, aunque comenzó a ahogarse pensó que era mejor estarse quieto para no tener que moverse ninguna manera. Sus amigos también le salvaron.

Cuando le tocó el turno al pequeño éste se acercó al notario y le dijo: “Señor notario, yo no tengo ninguna ganas de hablar así que entro en la cárcel y que ellos se queden el burro”

En este momento el notario supo que el burro tenía que ser para el más pequeño de los tres pues era quien había demostrado la mayor de las perezas.