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Laurita y el miedo a la oscuridad

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Érase una vez una niña pequeña llamada Laurita que estaba en el bosque con sus amigos Luisito, Paquito y Fernandito. Estaban frente a una oscura cueva de la que se decía que estaba embrujada, porque por la noche se oía ruido en su interior.

Los niños habían decidido ir a ver si los rumores de que estaba embrujada eran ciertos, pero Laurita no estaba nada contenta  porque ella sufría de miedo a la oscuridad, tenía auténtico pavor y llegaba incluso a dormir con la luz encendida.

Sus amigos se rieron de ella y le dijeron que podía esperar fuera. Aunque todavía era de día y los ruidos se oían por la noche, Laurita veía el cielo muy nublado, estaba a punto de llover. Era un día muy extraño.

Luisito, Paquito y Fernandito se metieron en la cueva todavía burlándose de lo miedica que era su amiga. Laurita se quedó fuera, esperando. Pero pronto se puso a llover. El cielo se oscureció de repente, era una tormenta terrible.

Laurita, no queriéndose acabar empapada, entró al principio de la cueva y se sentó a llorar de miedo. De repente, una estrella fugaz se pudo ver entre el oscuro firmamento. Laurita deseó no tener tanto miedo a la oscuridad y, como todos sabemos, los deseos que se piden a las estrellas fugaces siempre se cumplen. Una gran luz azul llegó a los ojos de Laurita y, en un instante, toda la oscuridad de la cueva desapareció ¡podía ver en la oscuridad!

Laurita, ahora sin miedo, se adentró hacia el interior de la cueva, donde se encontró a sus amigos perdidos y llorando porque no encontraban el regreso a la salida. Laurita les tranquilizó diciéndoles que ella les sacaría de allí. De pronto unos misteriosos ruidos llegaron desde el techo de la cueva. Todos miraron atemorizados hacia arriba, pero enseguida Laurita se dio cuenta del grave error y la divertida confusión que había originado el inicio de la leyenda de la cueva oscura.

Arriba, en el techo, unas crías de murciélago descansaban tranquilamente, durmiendo durante el día. Papá murciélago y mamá murciélago estaban chillando, bastante enfadados porque Laurita, Luisito, Paquito y Fernandito habían despertado con todo su alboroto a los pequeños murcielaguitos. Los 4 amigos pidieron perdón y salieron de la cueva. Había parado la lluvia y ya podía verse entre las nubes un precioso arco iris. Juntos, regresaron a casa saltando, riendo y cantando.