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Las lentes de Noelia

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Cuando en una revisión médica, a Noelia le dijeron que quisiera o no tendría que ponerse gafas, no fue en absoluto una contestación agradable para la niña que se hizo todo tipo de preguntas para sí. Sin embargo, experimentó una enorme mejoría porque ahora, podía ver lo que escribían en la pizarra de su colegio desde lejos e incluso diferenciar correctamente a las personas que encontraba a su paso, mientras caminaba a casa.

Estuvo cerca de dos años sin decirle a sus padres lo que le pasaba. Y es que, aunque le costaba muchísimo actividades tan cotidianas para los otros niños como por ejemplo, leer en los libros, hablar en público como consecuencia de sus dificultades para leer las letras o similares, se veía tan guapa sin gafas que Noelia no quería usarlas.

Su rendimiento académico bajaba y los padres de Noelia no se explicaban qué estaba sucediendo con la pequeña de las dos hermanas. No obstante, su hermana mayor de nombre Miriam, le dijo a su mamá que había visto cómo su otra hermana se pegaba mucho al libro para leer.

Un poco de casualidad, cuando el padre de la familia se encontraba en disposición de visitar al oculista, engañó a su hija para que le acompañase y jugasen al juego de tratar de adivinar distintas letras que irían apareciendo progresivamente, ayudándose de las lentes nuevas. Así fue como el padre y el médico especialista se percataron de los problemas de visión de Noelia y le pusieron lentes.

En un principio, cuando la niña llegó a clase con las gafas notó cómo sus compañeros la miraban de otra manera, diferente a como lo hacían anteriormente a llevarlas. Empezó a preocuparse, sentirse mal con ella misma e incluso estuvo unos días triste. Sin embargo, con la llegada de los primeros exámenes, sus resultados mejoraron y otros niños también contaron sus problemas a sus padres.

Sin que apenas Noelia pudiera darse cuenta, había logrado que otros niños de su propia clase se pusieran también gafas con las que ver mejor, pudiendo así estudiar más cómodamente y por supuesto, obtener mejores calificaciones en la escuela.

La niña, ahora adulta, es maestra de un colegio y cuenta esta historia los primeros días en el aula, a modo de por qué los niños deben contar lo que les sucede a sus padres para que éstos pudieran ayudarles según cada caso. Además, está verdaderamente contenta con sus inicios de ponerse gafas, lo recuerda con cariño y las luce con gusto desde la niñez.