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La Karaba

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Había una vez un establo muy viejo y mugriento. El lugar siempre estaba lleno de polvo y tenía un aspecto bastante tétrico algunas veces incluso, daba mucho miedo entrar allí porque nunca sabía que tipo de animal te podía salir o si habían entrado a robar.

Sin embargo, un buen día, en ese espacio mugriento y lleno de polvo que tan poco atrayente resultaba, se colgó un cartel en la puerta en el que ponía lo siguiente: “La Karaba, se ve por cuatro cuartos“.

El lugar seguía siendo el mismo, nadie lo había pintado ni limpiado ni nada de eso pero en esta ocasión, a pesar de estar completamente tapiado y de tener ese aire terrible a viejo, llamaba mucho la atención porque el cartel creaba mucha curiosidad en el ambiente.

De esta forma, había muchas personas que se acercaban casi sin quererlo al establo para ver más de cerca qué es lo que allí se guardaba y por qué se había puesto ese cartel ahora tan de repente.

Mujeres y hombres incluso niños de todas partes del mundo se acercaban con su dinero para entrar a ver ese misterioso animal llamado “La Karaba” Algunos venían atraídos pensando que iban a ver un animal extraño, muy feo y tenebroso o incluso que encontrarían un especie extraña del África más profunda.

Cuando llegaban a la puerta, un gitano les esperaba pidiendo el dinero y levantando la cortina para que todos pudieran ver a aquel animal. Cuando pagaban los espectadores y se disponían a ver qué había tras las cortinas se encontraban con una mula muy vieja y bastante sucia que no tenía ganas de ver a nadie.

En ese mismo momento el gitano decía a todos los espectadores: “Esta es la Karaba, porque antes araba y ahora ya, no ara”