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La carrera de Lupita

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Érase una vez una pequeña niña llamada Lupita que era muy estudiosa, le encantaba hacer los deberes de clase y aprobaba todos los exámenes. Se llevaba estupendamente con sus amigas y le encantaba ir al colegio a aprender y a jugar.

 

 

Sin embargo, había algo de su colegio que no le gustaba tanto, ¡la clase de gimnasia! A Lupita le costaba mucho correr, porque tenía muy cortas las piernas y todas sus compañeras lo hacían mejor que ella. Lo peor eran los exámenes físicos, porque no conseguía dar vueltas al patio del colegio lo suficientemente rápido como para llegar antes del límite de tiempo establecido.

Esto le provocaba una gran angustia a Lupita, que lloraba en su habitación sabiendo que si no aprobaba el próximo examen final de gimnasia, todas las demás notas no le servirían de nada. ¡Podría incluso repetir el curso y no volver a estar con sus queridas amigas!

La abuelita de Lupita, que ese día había ido a casa a llevarle unos pastelitos, la vio llorando y le preguntó qué pasaba. Lupita le contó su problema para correr y la abuelita le prometió que le ayudaría. Bajó un momento a la cocina a preparar un extraño brebaje. Parecía un agua extraña de color naranja, pero la abuelita le explicó que se trataba de una bebida mágica, cuya receta era un secreto que sólo tenían las mujeres de su familia. Cuando ella fuera mayor, se la daría. Con esta bebida, podría correr todo lo rápido que era capaz de imaginar y aprobaría la clase de gimnasia.

Lupita se fue contenta al colegio y antes del examen se tomó la bebida mágica. Se notó diferente, como si no tuviera dudas de que iba a conseguir correr como nunca lo había hecho. Incluso su abuelita y su familia habían ido a apoyarle en este importante día.

Corrió y corrió y al final Lupita llegó ¡siendo la más rápida de la clase! Todo el mundo le aplaudió y el profesor felicitó a su alumna por el gran trabajo realizado. Lupita, sin embargo, no estaba contenta. Pensó que era trampa contar utilizar la bebida mágica y le contó lo sucedido a su profesor, delante de su familia. Pero entonces la abuelita le explicó que la bebida mágica no existía. Que simplemente había mezclado agua con colorante. Lo que había conseguido era aumentar la confianza en ella misma. Lupita había corrido tan bien porque estaba convencida de que podía hacerlo. Todos se alegraron de la noticia y se fueron a celebrar el triunfo de Lupita.