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Jaime el loro

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Había una vez un niño llamado Mario, a quien le encantaban los animales, era muy cuidadoso con ellos, pero a su papá no le gustaban, nunca lo dejaba tener ningún tipo de mascotas, a pesar de que le gustaban mucho, –Los animales son muy sucios– argumentaba su padre.

 

 

Un día Mario iba caminando por el parque cuando se encontró a un pequeño loro con su ala lastimada, decidió llevarlo a casa y curarlo, le pidió ayuda a su mamá, ella al ver a Mario tan preocupada decidió ayudarlo, a pesar de saber que si su esposo se enteraba, podía enojarse, el lorito solo repetía -Jaaaime, soy Jaaaime, era todo lo que decía, después de curarlo, compraron una jaula y lo pusieron en ella, no sabían qué hacer, sabían que si el padre llegaba se molestaría mucho.

Decidieron cuidarlo un rato en lo que el padre de Mario llegaba del trabajo, pues él llegaría tarde esa noche, porque iría a cenar con su jefe, o al menos, ese era el plan. Así que la madre accedió a cuidarlo, no se dará cuenta si pasa una noche aquí, pues llegará tarde (pensó), pero para su mala fortuna, su esposo llamó, –llegaré temprano, ten la cena lista por favor, mi jefe cenará con nosotros– dijo él, la madre de Mario asustada le comentó a su hijo lo sucedido y decidieron tener un rato al loro antes de sacarlo de la casa lastimado.

El padre de Mario llegó más temprano de lo previsto, por lo que no les dio tiempo de sacar a Jaime de la casa, el padre de Mario y su jefe se sentaron a cenar, y entre la plática el jefe comentó: -mi hijo ha estado muy triste, lamentablemente nuestra mascota escapó de casa y no hemos podido encontrarla, en eso, al fono de la habitación se escuchó –jaaaime, soy Jaaaime-. El jefe sorprendido preguntó: –¿Jaime en dónde estás?, Mario le comentó lo sucedió y su jefe muy agradecido, decidió darle un aumento al padre e Mario por cuidar a su linda mascota.