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Inés y su nuevo hermano

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Inés, era la única hija de una familia compuesta por sus padres, Guillermo y Matilde. Aunque sus padres intentaron darle la mejor educación posible, tratándose de la primera de las hijas que tenían, lo cierto es que estaba realmente consentida y hacía prácticamente lo que le apetecía.

Con frecuencia, cuando quedaban con otras parejas y sentaban en la mesa con la niña, ella quería acaparar la atención de todos, comer de todo y sus padres le permitían estas actuaciones, por lo que cada vez fueron a más. Sin embargo, todo cambió para ella cuando cumplió dos años y sus padres, tuvieron otro bebé.

Cuando tenía solamente dos años de edad, sus padres decidieron proporcionarle otro hermanito para que no se sintiera tan sola, aunque ella no lo aceptó de buena manera y empezó a sentirse muy triste.

En un principio, su mamá Matilde, la invitaba a jugar con su nuevo hermanito y dicho niño, fue captando cada vez mayor atención por parte de sus padres. Por ello, Inés prosiguió sintiendo cierto recelo del nuevo componente familiar e incluso le molestaba su presencia.

La familia tenía un perrito y los niños jugaban con él como otro miembro más de la familia, pero este perro también prestaba más atención al pequeño que a la niña y ella, se daba cuenta de este tipo de comportamientos por lo que lloraba con bastante frecuencia.

La niña, que no quería sentirse desplazada por el nuevo hermano que había llegado recientemente, decidió que empezaría a pestañear muchísimo para intentar captar nuevamente la atención de su mamá. De hecho, la estrategia le resultó durante un tiempo e incluso preocupó a su madre, hasta que ésta última se percató de la intención de su hija.

A partir de entonces, cuando Inés se acercaba a su madre e intentaba captar su atención con aquellos gestos, ella la ignoraba como si verdaderamente no estuviera haciendo nada extraño y con el transcurso de algunas semanas, la mayor de estos dos hermanos dejó de realizar estas actitudes porque comprendió que no causaban el efecto que quería.

Pese a que la niña no deseaba en absoluto compartir la atención de su hermano con respecto a ella y quería ser la auténtica captadora de todo el interés por parte de sus padres, progresivamente fue cambiando su comportamiento y comprendió que el nuevo miembro familiar sería un hermano que tendría que cuidar y al revés también.

Ahora, con más de 4 años juegan juntos y se divierten como hermanos que son.