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El vendedor alegre

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Érase una vez un vendedor que habitaba en un pequeño pueblo de las afueras de Galicia y tenía una particularidad que lo hacía diferenciarse del resto de vendedores, la alegría con la que afrontaba cada uno de sus días.

Cada mañana, se levantaba a un horario realmente temprano para acudir a su pequeño establecimiento con una sonrisa desbordante y comenzaba a levantar las personas, poner música alegre y sobre todo, afrontar ese nuevo día con el máximo optimismo posible, por tratarse de una de las facetas de su personalidad que lo hacía particularmente atractivo para sus clientes.

En un momento de crisis, el vendedor experimentó un increíble descenso en cuanto a su número de ventas y empezó a sentirse profundamente triste. De hecho, su tristeza era tan enorme que dejó de sonreír, mostrarse alegre al resto del público y fue entonces, cuando se dio cuenta de cómo sus clientes habituales decidían optar por otros establecimientos en lugar del suyo.

Una tarde de miércoles, acudió a su pequeña tienda de barrio una persona muy rica del pueblo en el que vivía y le solicitó si tenía una herramienta porque había tenido ciertos problemas con la reparación de una fachada de su casa y no sabía bien cómo solucionar este imprevisto con el que no contaba. El vendedor, que hasta entonces, no había vuelto a sonreír como antes, se mostró muy contento porque esta persona acudiese a su establecimiento y decidió ayudarlo.

Cerró su tienda y acompañó al señor a casa para él mismo, ayudarle con las reparaciones que necesitase sin intención alguna de cobrarle nada extraordinario por esta ayuda, pero aquel hombre se sorprendió tantísimo del buen hacer del vendedor que lo recomendó a todos sus familiares y personas del entorno en general.

Pasaron los días y el hombre empezó a recibir a más clientes cada vez en su tienda, la situación fue mejorando progresivamente y sobre todo, volvió a disfrutar de una sonrisa como la que tuvo antes de perderla, como consecución de las problemáticas derivadas de su economía tanto personal como familiar.

En la actualidad, tiene una empresa en la que da trabajo a cerca de 200 personas de su pueblo y todo el mundo le admira, porque con tesón, desde la máxima humildad de sus inicios y sobre todo, sin apenas descanso, ha creado una de las empresas más humanas que existen, en las que los empleados no tienen jefe, al optar por sus propias decisiones conforme a la producción y ejecución.

Este señor, que antes fue vendedor, es no solamente el responsable de una firma muy conocida, sino que aún conserva la humildad que siempre le caracterizó y sobre todo, su alegría.