Usamos cookies propias y de terceros para mostrar publicidad personalizada, consideramos que usted acepta su uso al navegar por el sitio. Información
envia

El soldadito de plomo

» » El soldadito de plomo

Hubo una vez un juguetero que fabricó un ejército de soldaditos de plomo. Cada uno llevaba un fusil al hombro y una chaqueta roja, pantalones azules y un sombrero negro alto con una insignia en la frente. Al juguetero no le alcanzaba el plomo para el último soldadito y lo tuvo que dejar sin una pierna.

Finalmente expuso los soldaditos en una vitrina de la tienda, y un nombre los compró para regalárselos a su hijo. Cuando el niño abrió la caja le llamó la atención el soldadito que tan sólo tenía una pierna. Le hizo un pequeño castillo de cartón y puso a su lado una bailarina de papel.

Cuando todos se fueron a dormir los juguetes empezaron a divertirse, y los únicos que no se movían eran el soldadito de plomo y la bailarina de papel. Ambos se miraban el uno al otro, y a las 12 de la noche apareció un duende que se puso celoso porque miraba la bailarina y le echo una maldición.

Al día siguiente el niño fue a jugar con su soldadito de plomo y lo puso al borde de la ventana de forma que acabó cayendo a la calle. La criada no dejaba niño que bajarse a buscar su soldadito porque estaba lloviendo, y el niño pensó que había perdido su juguete.

Fuera había varios niños jugando bajo la lluvia y encontraron a soldaditos de plomo. Le hicieron un barco de papel para que navegase por las calles, pero finalmente al cayó a una alcantarilla.

El soldadito no sabía dónde iba a parar de repente se encontró con una rata gigante que le pidió que le pagase el peaje, pero con el soldadito no podía hacer nada para detener el barco siguió navegando hasta que empezó a naufragar y acabó hundido en el agua.

Un pez que pasaba por el lugar se lo tragó y se dirigió al mar. Finalmente un barco pescó al pez y casualmente dicho pez acabó en la casa del niño.

Al comerse el pescado el niño pudo volver a encontrar a su soldadito de plomo y se puso muy feliz. Cuando lo vio la bailarina empezó a llorar de nuevo, pero el hermano mayor vio el soldadito roto y que olía a pescado, por lo que decidió arrojar al soldadito la chimenea.

Aquí poco a poco se fue derritiendo, y un golpe de aire acabó llevándose a la bailarina también hasta el fuego. Finalmente ambos se fundieron juntos y cuando la familia apagó el fuego al día siguiente pudo encontrarse un trozo de plomo con la forma de un corazón.