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El pueblo misterioso

admin 14 de junio del 2013 Cuentos de terror No hay comentarios

A mi amiga Marta y a mí nos gustaba salir a buscar pequeños pueblos desconocidos y, a ser posible, abandonados.

El pueblo misterioso

Durante una de estas excursiones, llegamos a un pequeño pueblecito que se encontraba bastante apartado de cualquier signo de civilización. El caso es que en él habían varias casas, un colegio, un hospital y una tienda entre otros. Es decir, tenía todo lo necesario para poder vivir perfectamente.

No obstante, los edificios tenían un diseño bastante clásico, aunque estaban muy bien reformados, por lo que pasear por sus calles era como volver al pasado. También nos llamó la atención que no hubiesen coches salvo algunas viejas camionetas también reformadas. Al parecer, la gente se dedicaba a la agricultura y a la ganadería y no tenían necesidad de salir de allí.

Al principio pensamos que se podría tratar de un parque temático, pero pronto nos dimos cuenta de que la gente era muy sencilla y realmente no estaba preparado, sino que habíamos encontrado uno de los sitios más sorprendentes y maravillosos que ni tan siquiera habíamos imaginado al organizar nuestras rutas.

Después de estar varias horas allí y conocer a gente fantástica, decidimos marcharnos para volver a casa, ya que se estaba haciendo tarde. Antes de marcharnos, un hombre que cultivaba flores nos regaló un pequeño ramo a mí y a mi amiga.

Finalmente nos montamos en el coche y nos fuimos, pero con la idea clarísima de que tarde o temprano volveríamos de nuevo a visitar a esta fantástica gente.

Durante el camino de vuelta paramos en un bar de carretera para reponer fuerzas y hacer frente a lo que nos quedaba de trayecto. Mientras hablábamos del lugar, uno de los camareros se acercó a nosotros y nos preguntó si realmente estamos hablando de ese pueblo. Cuando se lo afirmamos, su cara se quedó blanca, y nos explicó que el pueblo había quedado abandonado hace muchísimos años debido a una catástrofe natural, por lo que los que sobrevivieron decidieron irse a vivir a otro sitio.

Desde un principio pensamos que nos estaba tomando el pelo, por lo que decidimos quedarnos esa noche y volver a la mañana siguiente para comprobarlo con nuestros propios ojos. Cual fue nuestra sorpresa que al llegar era cierto que todo estaba abandonado. Todos los edificios eran exactamente iguales y encontramos también las camionetas, pero nada de ello estaba rehabilitado. El caso es que los ramos de flores seguían en el asiento trasero de nuestro coche.

admin

Soy un chico amante de la informática al que le encantan los cuentos, la gimnasia y salir con los amigos...

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