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El pescador que no compartía su pescado

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Érase una vez un popular río que estaba prácticamente entero lleno de peces de todo tipo de especies. En aquel río, pescaban una gran cantidad de pescadores y resultaban increíblemente amables entre ellos, e incluso compartían sus capturas con el resto de compañeros. Sin embargo, no todos los pescadores eran precisamente gentiles con los demás.

Había un pescador que era realmente tacaño y prácticamente la totalidad de las capturas que conseguía, prefería quedárselas para él mismo, en lugar de compartirlas con otros pescadores que por ejemplo, tenían una familia mucho más numerosa que la suya, ya que él vivía solo en una casa de gran tamaño.

Una tarde de domingo, mientras el resto de vecinos dormían y el pescador que se quedaba todos los peces para él se encontraba pescando, pasó por el lugar un hada que le realizó una petición para conocer el grado de amabilidad que tenía.

El hada, invitó al pescador a ser un poco más amable con el resto de pescadores, avisándole que pronto necesitaría la ayuda de unos cuantos de ellos para afrontar ciertas dificultades y que, lo mejor que podía hacer en aquellas circunstancias, era empezar a cosechar amigos a los que acudir.

Aquel pescador, simplemente hizo caso omiso de las recomendaciones del hada y rechazó rotundamente la propuesta del hada. Unos días más tarde, cuando se encontraba solo en casa, la cocina dejó de funcionar y no podía cocinar el pescado como normalmente hacía, por lo que tuvo que acudir a un vecino para solicitar su ayuda pero éste, no respondió a sus demandas.

A partir de aquel instante, el pescador recordó los consejos del hada, que tiempo atrás le había pedido que fuese más amable con otros pescadores que encontrase a su paso, compartiese los trucos que utilizaba para pescar e incluso algunas de las capturas que conseguía, pero él, no hizo caso alguno y prefirió conseguir el máximo pescado posible.

El pescador comprendió que debía cambiar su actitud, ser más amable y hacer las cosas sin esperar nada a cambio, pero ya era demasiado tarde porque perdió su cocina y tuvo que comprar una nueva quedando en graves dificultades económicas por tal desembolso inesperado.

Moraleja

Comparte con los demás de manera altruista y no solamente conseguirás la gratitud, sino que es posible que cuando necesites ayuda, otras personas que ayudaste estén ahí para ti, sin pedirte nada a cambio de dicha ayuda.