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El payaso de gran corazón

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Había una vez un hombre que vivía en un pueblo donde siempre se había dedicado a hacer feliz a todos sus habitantes vistiéndose de payaso y gastando bromas.

 

 

El caso es que los años fueron pasando y finalmente acabó dejando lo que más le gustaba en este mundo porque ya no se encontraba en condiciones de continuar.

Esto hizo que poco a poco la gente lo fuese olvidando, y las nuevas generaciones se fueron renovando de tal forma que varios años después ya prácticamente nadie sabía quién era ese hombre, nadie sabía la felicidad que repartió a lo largo de su vida.

Un día, decidió volver a enfundarse su nariz y salir a un parque para hacer reír de nuevo a la gente, ya que echaba de menos ver la sonrisa en los rostros de sus vecinos pero cuando empezó a actuar, muchas personas que habían a su alrededor empezaron a mirarlo de forma extraña. Los padres empezaron a recoger a sus hijos del parque y les dijeron que nunca se acercasen a ese payaso.

Después de varios días intentándolo, finalmente el hombre se dio por vencido y se sentó en un banco donde empezó a llorar. En ese mismo instante, un niño pequeño se acercó y le regaló una flor que había cogido del mismo parque.

Aquí fue cuando este entrañable anciano se dio cuenta de que todo no estaba perdido, ya que en el corazón sincero de los niños, siempre existirá esa sonrisa que, aunque no la vea, siempre seguirá buscando. Es por ello que durante el resto de su vida mientras le quedó fuerza en su piernas y alegría en su corazón siguió repartiendo alegría a los niños de la vecindad.