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El niño desobediente

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En una pequeña villa del extrarradio de Madrid, se celebró una reunión para comenzar la construcción de nuevas viviendas para 22 familias. Para ello, una persona que poseía grandes tierras, permitiría a las familias que así lo quisieran construir sus propias casas, eso sí, con el esfuerzo de sus brazos.

En la reunión, se presentaron más de aquellas 22 familias, puesto que había mucha gente necesitada que quería optar a una vivienda, aunque ellos mismos tuvieran que construirla, y en una de las familias había un niño llamado Roberto que era conocido por su pereza y poco hacer.

Comenzó el sorteo y a la familia de Roberto le tocó una de las parcelas.

Roberto no sentía interés por el trabajo ni estudio. Por lo tanto, no estaba dispuesto a colaborar con sus padres aunque fuera para crear una casa en la que vivir cómodamente.

A la mañana siguiente, en la que justamente tenían que comenzar los trabajos para la construcción de las sucesivas viviendas para las familias que ganaron en el sorteo, el niño decidió no presentarse y se quedó con sus amigos. Sin embargo, sus dos progenitores sí se presentaron al lugar y comenzaron los trabajos.

La madre de Roberto era una mujer de edad bastante avanzada y realmente frágil, por lo que no estaba preparada para tantos esfuerzos, y en un momento dado, mientras ayudaba a su marido con unos ladrillos, sufrió un accidente al golpearse con un ladrillo sobre el pie.

Después de sucesivas revisiones hospitalarias, la mujer tuvo que estar de baja alrededor de 4 meses debido a las heridas ocasionadas por el impacto del ladrillo sobre su pie, y ante tales circunstancias, Roberto comprendió que debía, le gustaba más o menos, ayudar a su padre para terminar la vivienda.

Una mañana, mientras el padre del chico se encontraba en el hospital en compañía de su hijo compartiendo unas horas con la mujer. El hijo, fue a casa de unos amigos para pedirles ayuda y más de 30 niños fueron a la recién comenzada casa de Roberto para continuar con los trabajos que iniciaron sus padres.

Sin darse cuenta los progenitores del niño, así estuvieron más de 1 semana y avanzaron tantísimo, que una mañana mientras desayunaban juntos, el hijo de la familia les expuso que ya tenían la casa prácticamente terminada, porque había pasado una gran cantidad de horas con sus amigos avanzando en los trabajos.

Sus padres se pusieron tan contentos y el niño aprendió tantísimo que ya nunca más volvió a ser perezoso y ahora, ayuda en la totalidad de tareas que hay pendientes.