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El lápiz tristón

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María era una niña de 6 años que como todos los niños buenos de su edad van al colegio, sacan buenas notas y juegan mucho con sus amigos. Por las tardes María regresa a casa con sus papas, donde tras dormir la siesta siempre se levanta con ganas de pintar bonitos paisajes de colores en su cuaderno favorito, uno con grandes flores silvestres en su portada.

 

 

Uno de esos días en donde todo transcurría con normalidad la madre de María le regaló un bonito estuche que contenía una gran cantidad de lápices de colores para que así dibujase muchas cosas en su libreta favorita.

Los días pasaban con la misma tranquilidad de siempre, y María, al volver de casa siempre tenía la misma rutina … se iba a pintar bonitos paisajes en su libreta. Poco a poco los lapices que con tanto cariño le regalo su madre se fueron gastando … todos ellos menos el lápiz de color negro ya que nunca lo había usado. Esta situación hizo que el lápiz de color negro se fuese deteriorando, podríamos casi decir que tenía sus propios sentimientos, unos sentimientos de tristeza por no ser usado mientras que todos sus compañeros lápices se usaban a diario.

Pasaron los meses … y como era ya una costumbre María llegaba a casa con muchas ganas pues sabía que lo siguiente que haría sería ir a pintar, pero un día a mediados de febrero algo paso … María no cogió su cuaderno de bonitas flores como era costumbre sino otro nuevo. Era un extraño cuaderno en el que había dibujadas letras que formaban palabras, ese día fue cuando ya no pinto sino que se puso a escribir letra por letra porque quería aprender a escribir y para ello cogió el único lápiz de color que no había usado hasta el momento, el lápiz negro.

Fue una gran alegría para el lápiz negro cuando fue cogido por primera vez, una alegría que desde entonces experimentaría casi a diario pues desde entonces María al volver de casa un día pintaría y otro escribiría porque María quería saber pintar y escribir muy bien para un día de mayor ser pintora.