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El avaro mercader

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Había una vez un avaro mercader al que el tiempo le había vuelto muy gruñón y mal educado. El mercader aprovechaba la situación en la que la cosecha iba mal para decir que no tenía dinero y no sabía como suministrar los alimentos para su asno.

 

 

El asno que llevaba sus productos había sido su fiel compañero durante todos los años largos tanto cuando las cosas iban mal como cuando iban bien. Sin embargo el avaro mercader, no tenía consideración alguna con él y lo único que hacía era tratarle mal e incluso, no darle de comer.

Tan listo se creía el avaro mercader que en vez de alimentar como dios manda a su asno, le cubrió con una enorme piel de león para que éste, atacando al resto de campesinos, se comiera todas sus cosechas y así, no tuviera que alimentar a su asno que tanto había dado por él.

Los campesinos tenían mucho miedo porque pensaban que un león feroz había avasallado toda su fortuna y se estaba apoderando de sus tierras además, si se acercaban a él, lo más seguro es que les mordiera pero un buen día, los campesinos indignados pensando que lo perderían todo se acercaron al león para saber exactamente qué estaba pasando, ¿por qué ese león se estaba comiendo su cosecha si además, era carnívoro?

¡Todo se descubrió pronto! El temido león no era un león sino un asno con una piel de felino por todo su alrededor. Al ver esto, los campesinos quisieron descubrir que había tras este engaño, quien había hecho eso.

Después de mucho investigar, dieron con el responsable; el avaro mercader que había jugado con todos ellos disfrazando a su asno de león y, ¡pobre asno! -pensaron-

Así que después de pensarlo durante mucho tiempo fueron tras el campesino para darle su merecido. De esta manera, el avaro mercader jamás volvió a tratar mal a un animal indefenso.