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Cuento de los lápices mágicos

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Había una vez dos grandes amigas de instituto que no tenían secretos entre ellas. Elsa y Julia eran amigas desde niñas y siempre estaban pendientes la una de la otra para que a ninguna, les pasara nada malo. En la época de exámenes Julia iba a estudiar a casa de Elsa todas las tardes con el fin de que ambas pudieran aprobar los exámenes y pasar de curso nuevamente juntas.

Un buen día Elsa le dijo a Julia que había conocido a un hechicero en la calle 20 que vendía unos lápices de colores que tenían todas las respuestas automáticas para los examenes del instituto en el que ambas estudiaban. Las dos jóvenes intrigadas ante la idea de si el hechicero llevaba la razón o mentía, acudieron a esa calle número 20 para hacerse con dos de esos lápices mágicos.

El hechicero les vendió a las chicas dos lápices mágicos para que así no tuvieran que estudiar y pudieran pasarse la tarde jugando o durmiendo y aún así, aprobando los exémenes a la mañana siguiente. Julia que era muy estudiosa le propuso a Elsa que solo usaran los lápices mágicos en los exámenes finales y no para todos los días.

Elsa aceptó y nunca usó el lápiz en cambio Julia sí que comenzó a utilizar los lápices mágicos con el fin de aprobar todos los exémenes y ser la alumna más aventajada de la clase. Con el tiempo, Elsa se dio cuenta de la traición que le había hecho su mejor amiga para aprobar más clases que ella y de inmediato se lo dijo a la profesora que todas las mañanas estaba en su clase.

De esta manera, las dos jóvenes amigas fueron explusadas de inmediato del instituto y tuvieron que perder un año de su vida por hacer trampas y querer estar la una por encima de la otra.