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Cuento de la pequeña flor

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Había una vez una flor muy pequeña que se ocultaba tras las sombras del bosque. La flor no tenía culpa de haber nacido en un espacio en el que no la veía nadie pero se sentía abandonada y olvidada por todos y cuando hablamos de todos, también nos referimos a Dios.

Como todos sabréis, Dios es el creador de todas las cosas y gracias a él, la vida en la tierra y en los mares se hizo posible por eso, podemos decir que a Dios le debemos buena parte de todo lo que tenemos y gracias a él, estamos aquí y ahora y eso fue lo que le paso a la protagonista de nuestra historia, que fue creada por Dios.

Cuando Dios estaba creando el mundo esta pequeña flor estaba diciendo a él, “No me olvides”, “Por favor, no me olvides” La flor seguía sintiéndose triste pues pensaba que incluso Dios se iba a olvidar de ella por lo escondida que estaba.

Sin embargo, Dios se mostró muy generoso con la misma y le dijo a la flor: “No tengo para ti ningún nombre pero voy a darte unos hermosos colores para que puedas deslumbrar con tu belleza al resto de la multitud”. Al escuchar esto, la flor se sintió muy feliz por el hecho de que Dios la había considerado muy especial y única así que sus lágrimas, nunca más volvieron a aparecer por sus delicados ojos. De esta manera, la flor finalmente se convirtió en una compañera del resto de los hombres y de los animales.

El Creador Dios, le había dado los colores más hermosos que se podían considerar para una pequeña flor en medio del bosque por un lado, tenía el color azul cielo y por otro, el rojo sangre. Con estos dos colores y con mucho entusiasmo la flor consiguió que el resto de los seres vivos se sintieran bien en todo momento.