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Compartiendo alegría en el día de su cumpleaños

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Había una vez una joven niña llamada Irene que vivía en un pequeño pueblo de Burgos. Cuando Irene cumplía 8 años, sus amigos y otras personas de su entorno, le estaban preparando una tremenda fiesta con motivo de su cumpleaños. Aquella fiesta, prometía ser la más increíble de todas las que Irene había conocido en su temprana edad.

Con la llegada de cada año, Irene, recibía multitud de presentes, e incluso una ingente variedad de regalos que al poco tiempo de utilizarlos, se aburría de ellos y los tenía arrumbados en el cajón de su habitación. No obstante, estaba acostumbrada a ello y lo consideraba como algo normal, porque también, otros niños de su entorno hacían lo mismo con sus nuevos juguetes. Pese a todo, algo estaba cambiando en la forma de pensar de la niña, estaba siendo consciente de la maravillosa realidad que vivía y no valoraba.

Un día, cuando la niña salía del colegio regresando a casa, se topó con otra niña que aunque también cumplía años, no celebraría su fiesta de cumpleaños como sucediese en el caso de Irene. De hecho, seguramente no tendría ni tantos regalos, amigos ni tampoco motivos suficientes para celebrar nada porque se encontraba bastante apenada. Los padres de esta segunda niña, no podrían regalarle prácticamente ningún juguete porque ambos se encontraban en paro, buscando trabajo.

Irene, sabía que su padre era director de una cadena de alimentación y cada poco tiempo, andaba buscando personal con el que cubrir nuevas vacantes con motivo de ampliaciones y necesidades de la propia producción. Llegó a casa y con mucha pena, le expresó a su padre lo que había vivido, y le pidió que este año no quería juguetes, sino que sería inmensamente feliz si su padre, Guillermo, le concedía un trabajo, al menos, a uno de los familiares de la niña que se encontró en la calle.

Guillermo, hombre reconocido popularmente por sus buenos gestos y gran corazón, accedió de momento a las demandas de su hija pequeña, Irene, y acudió en compañía de ésta a buscar a la familia que se había encontrado la menor, para regalarles un trabajo con el que poder vivir dignamente.

Moraleja:

No se trata de solamente lo que tengas, pero si aprendes a valorar todo aquello que tienes y sobre todo, lo que te sobra, puedes conseguir que otras personas disfruten de una mejor calidad de vida con la ayuda de tus decisiones. Por eso, si puedes hacer el bien y mejorar la vida de otros, no dudes en hacerlo.