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Bajo la manga

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Hace mucho tiempo existía un aldeano herrero y campesino muy pobre pero muy trabajador tenía una familia muy grande, a pesar de trabajar para el hombre más rico del pueblo su sueldo era raquítico y para ayudarse cultivaba en su pequeño terreno rentado para poder comer.

 

 

En muchas ocasiones tuvo la oportunidad de robarle a su jefe grandes cantidades de dinero, la suficiente para arreglar sus problemas y vivir de una manera decente, de la manera que él decía, su esposa merecía, pero él era un hombre honrado y a pesar de su necesidad, jamás haría nada indebido; lamentablemente su esposa no pensaba de la misma manera

Un día la esposa del aldeano enfermó gravemente, el no tenía dinero para el doctor, ni mucho menos para medicamentos para su amada esposa, no sabía qué hacer, llevar a su esposa al médico y sacrificar su sueldo y la comida de sus 8 hijos para salvar a su esposa, o alimentar a los pequeños, desafortunadamente la vida de su esposa terminó esa misma noche por su fuerte enfermedad, pero antes de su deceso juro vengarse porque según ella el único culpable de todas sus penas y desdichas así que maldijo la casa sin importarle que sus hijos estuvieran en ella. Cada noche su humilde esposo escuchaba ruidos, llantos, y golpes, los niños estaban muy asustados, estos ruidos continuaron durante días, semanas, meses y años, poco a poco los niño fueron yéndose de la casa, unos se casaron y otros se fueron porque no soportaban más ese lugar, pero el humilde herrero ya muy viejo decidió quedarse, y justo en la noche en que los ruidos, ya no le espantaban cesaron.

Impactado creyó que sería la primer noche en la que dormiría en paz y así fue, un alacrán subió lentamente por su cama mientras el dormía al sentirlo, despertó, pero era muy tarde, lo tenía justo en el pecho, como si su esposa se deshiciera de la única riqueza que había en él, su corazón.