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Adiós, muñeco de nieve

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Durante el invierno, la nieve forma un grueso manto a lo largo de toda la aldea, y es el momento perfecto en el que los niños salen a jugar y a disfrutar de las maravillas que nos ofrecen estos pequeños copos que van dibujando ilusiones para todos y cada uno de nosotros.

Pero al igual que nosotros ya estábamos acostumbrados a ver nevar, para Pedrito y María se trataba del primer año que iban a vivir esta experiencia, ya que sus padres tuvieron que viajar antes de que ellos naciesen y por esa razón todavía no habían conocido este lugar tan fantástico.

Cómo habían visto en las películas, ambos decidieron bajar al jardín para crear su primer muñeco de nieve. Fueron preparando las bolas y conformando todos y cada uno de los detalles del que durante mucho tiempo iba a ser su nuevo amigo y compañero en los juegos.

Con su nariz de zanahoria, la bufanda que les había regalado su abuelo, un sombrero que encontraron abandonado… Todos los elementos estaban ya en su sitio y por fin pudieron conocer el aspecto que tendría Botones, ya que así era como habían decidido llamar al muñeco de nieve.

Durante días disfrutaron jugando en el jardín y compartiendo momentos divertidos con este hombrecito que, pese a no moverse, para ellos tenía su propia vida.

Pero al igual que el invierno llega, también acaba yéndose, y finalmente un día bajaron y no encontraron a Botones. Desconsolados se pusieron a llorar, y en ese mismo instante pasó su abuelo y les explicó que con la llegada del calor la nieve se derrite.

Esto no ayudaba a mitigar el sufrimiento, pero aprendieron una lección muy importante, y es que no hay que amar a las cosas que son materiales.