
Cuentos cortos

Cuento de Andrea Mucciolo en la rivista "Coquivacoa" (El Regional del Zulia)

BUSCO UN TRABAJO
de Andrea Mucciolo
Lo admito: cometí una gran tontería a abandonar tan temprano. Tomado por un momento de rabia, como desahogo decidí de dejarlo todo. Pero fue un gran error. En realidad no lo quería hacer, lo juro. Así, me encontré sin nada que hacer, sin un trabajo, con bastante tiempo libre que no habría sabido como emplear, llenar.
No me imaginaba esto, siempre me había figurado de manera diversa un momento de este tipo. El aburrimiento me estaba matando. Así, decidí buscar otro trabajo: no me interesaba el dinero pero hacer algo útil. Entonces presenté una solicitud para un trabajo: ¿Pero justamente Ud. quiere un trabajo? me dijeron. Se que es posible pedir uno, respondí. Sí, es posible !pero con determinadas condiciones! Bueno, lo admito, no me comporté siempre bien en el pasado, pero justamente era el pasado, respondí convencido. ¿No se comportó bien? Ud. le robó a la caja común de una sociedad de la cual era socio, ha asaltado a su ex empleador y se fue a la cama con su superiora para obtener una promoción. ¿Y ahora me dice que “no se comportó propiamente bien?”, respondieron algunos encargados de examinar mi solicitud. Sí, lo admito nuevamente: fui un hombre que causaba asco, pero les suplico, de darme otra posibilidad, ahora he cambiado.
Y así “conmovidos” de mi “alocución” me dieron ocasión de demostrar lo que valía, admitiendo que valiera algo, lo que debería ser demostrado.
No fue simple: me pidieron de someterme a las pruebas más absurdas que hubiera podido imaginar. Durante todo un mes volví a mi vida anterior y tuve que dejar que me abofetearan adentro de un bar, sin reaccionar, para demostrar que no era más el “cabeza caliente” de antes. Tuve que ir a un barrio de prostitutas en Amsterdam para mirar mujeres sin ni siquiera poder tocarlas, para demostrar que sabía controlar mis instintos. Absurdo.
Me pidieron que ayunara tres días para probar que era capaz de cumplir sacrificios. Grotesco.
Logré superar cada prueba.
Muy bien, me dijeron, ¿pero se sentiría capaz de hacer el babysitter? Me costó contener una carcajada fragorosa: yo, que había siempre detestado a los niños, ¿ahora tenía que ocuparme de una niña?
Pero no me interesaba: lo importante era obtener este bendito trabajo. Y respondí que sí.
La niña tenía solamente cinco años. La cuidaba día y noche: la seguía hasta el colegio y como no podía subir al transporte escolar, corría atrás del autobus hasta el cansancio, al punto que los pulmones habrían querido escupirme su rabia y abandonarme en medio de la calle.
Para controlarla también de noche, visto que me había encariñado y de sus padres no me confiaba mucho, subía en la magnolia que daba hacia el balcón de su cuarto y entre mucho café y los halagos de un inoportuno como fastidioso Morfeo, seguía mi trabajo.
Estaba bien equipado: largavista, honda para ahuyentar a los malvivientes y una caja de chocolatines para alegrar a la niña cada vez que estuviera triste.
La constancia me premió: fui convocado por un señor anciano, como nunca había visto en una agencia de empleo, quien me entregó una hoja en un sobre cerrado, me apretó la mano y me comunicó: Ud. ha superado la prueba, está asumido. Y fue el único de los funcionarios que me sonrió.
A la salida abrí el sobre, quité la hoja y leí:
Tenemos la alegría de anunciarle que Ud. ha pasado la prueba y desde hoy está oficialmente habilitado a realizar la actividad de Ángel de la Guardia.
Me había equivocado, sin lugar a dudas, al abandonar todo, a suicidarme, pero ahora… ahora finalmente todo, tomaba sentido para mi.
Sonreí como nunca lo había hecho en toda mi desafortunada vida: bien, ahora finalmente estaría ocupado, !eternamente y sin necesidad de tomar café!
Andrea Mucciolo
Andrea Mucciolo Wikipedia:
http://es.wikipedia.org/wiki/Andrea_Mucciolo


Andrea Mucciolo Wikiquote